Seminario de SANIDAD Y LIBERACIÓN AL MODO DE CRISTO SANADOR

SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DEL PADRE ANSELM GRUM: JESÚS CURA DE TRES FORMAS DURANTE SU VIDA PÚBLICA:

  • LOS RELATOS DE LAS PARÁBOLAS: MODO TERAPÉUTICO DONDE LOS OYENTES SE INSERTAN EN CADA PARÁBOLA.
  • LAS PALABRAS DEL MISMO JESÚS.
  • LAS HISTORIAS DE SUS CURACIONES EN LOS EVANGELIOS.

SE NECESITA DE UNA SORPESA EMOCIONAL PARA DESPEDIRSE DE LAS IMÁGENES QUE ENFERMAN.

POR EL ARTE DE LA PARÁBOLA, SE ABRE UNA LUZ SOBRE UNO MISMO Y NOS PODEMOS VER DE OTRA MANERA, SUMERGIDOS EN ESA LUZ. ¡Se produce la “experiencia del ajá” (Aha-Erlebnis)

Hay que hacer que el paciente elabore como tarea, su propia parábola del modo más espontáneo posible y que la escriba. Luego analizar con él su relato personal.

En las parábolas de Jesús encontramos entonces:

EL TRATO CON LA CULPA (LC. 16:1-8)

EL TRATO CON EL JUEZ INTERIOR (LC. 18:1-8)

EL TRATO CON LA ANGUSTIA (Mt. 25:14-30 y Lc. 19:11-27)

EL TRATO CON LA ENVIDIA (MT. 20:1-16)

EL TRATO CON EL ENEMIGO INTERIOR (LC. 14:31-32)

EL TRATO CON LAS PROPIAS SOMBRAS (MT. 13:24-30)

EL TRATO CON LAS PROPIAS ILUSIONES (LC. 14:28-30)

EL TRATO CON LOS DESENGAÑOS (LC. 13:6-9)

Y también el reconocimiento de ANHELOS:

EL ANHELO DE LA REALIZACIÓN PLENA (MT. 25, LC. 14 Y MT. 22)

EL ANHELO DE LA FECUNDIDAD (MT. 13;1-9)

EL ANHELO DE LA CONVERSIÓN (MT. 13:33 Y LC. 13:20-21)

EL ANHELO DEL RETORNO AL HOGAR (LC. 15:11-32)

EL ANHELO DE VOLVER A ENCONTRAR LO PERDIDO (LC. 15:8-10)

EL ANHELO DEL VERDADERO YO (MT. 13:44-46)

 

 

 

2) LAS PALABRAS DE JESÚS:

Cuando una Palabra de Jesús me enfurece, eso muestra que soy mi propio adversario.

Recién cuando entro en amistad conmigo mismo, la Palabra entra en amistad conmigo. La Palabra se convierte en autor de mi curación pues me hace entrar en armonía con la vida, conmigo y con Dios.

Primera categoría: Palabras – problema.

Al estilo Zen, donde parece que se proclama lo absurdo, lo imposible de resolver, la palabra problema invita a abandonar nuestra conexión con lo lógico para ingresar directamente al misterio de nuestra existencia y de lo religioso. Así, nos elevamos a Dios.

La palabra problema se medita hasta el cansancio y recién entonces nos deja la sospecha de algo más allá.

Un ejemplo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú ve a anunciar el Reino de Dios” (Lc. 9:60).

Imposible que los muertos entierren a los muertos; pero esta palabra nos conecta con lo que hay de muerto en nosotros, con nuestras partes congeladas del alma, con nuestra rutina cotidiana y la necesidad de definir lo que es realmente Vida para nosotros, con nuestro vacío interior.

¡Estoy invitado a dejar caer rituales y hábitos negativos, que me embalsaman, a dejar relaciones que me mantienen paralizado, a distanciarnos de cosas que ya no nos interesan más!

Para ello: debo llamar a las cosas por su nombre y dejarlas caer como jarrón antiguo. (aplicar aquí el cuento Zen de los discípulos y el jarrón adornado con pintura de raíces vegetales. También me sirve la definición chamánica de las personas que pueden ser pensadas desde lo mineral, lo vegetal y lo animal).

Ejercicio de una foto de cada relación pasada que no despega de mi mente o de mi corazón y despedirla, velarla, enterrarla o quemarla (en todo lo que tenga que ver conmigo)

Declarar que estoy list@ para recibir algo/alguien en su lugar pues yo estoy vivo. Lo muerto enterró lo muerto.

La palabra problema muchas veces incomoda, pues nos saca del lugar que entendemos permanente y resulta provisorio.

Ejemplo: “Muchos de los primeros serán los últimos, y los últimos serán primeros (Mc. 10:31).

Así, lo relativo de la situación resulta útil, aunque no sea lógico que los primeros sean últimos.

Esto puede suceder en el caso de un enfermo, que logra una nueva visión de su enfermedad, aunque sea terminal, pues no será eternamente el último, sino que pasará a ser primero. Incomoda, pero sirve a los fines de ahondar el misterio de la fuerza y la debilidad.

Segunda categoría: Palabras gráficas.

Nuestra alma piensa en imágenes, por eso la palabra gráfica es siempre actual.

Jesús expresa arquetipos como dirá el Dr. Jung y esto nos conecta con nuestro verdadero yo.

No hay que reflexionar mucho ni interpretar las imágenes de Jesús. Son imágenes que quieren imaginarse en nuestro corazón. Nos quieren poner en contacto con la imagen originaria que Dios ha hecho de nosotros.

En Jesús entramos en contacto con imágenes sanadoras y alentadoras, esto es, nos conducen a la vida exitosa y plena.

Ejemplo:

“Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: Retírate de ahí y arrójate al mar, sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá.” (Mc. 11:23).

Muchos se imaginan a sus problemas como una montaña, otros hablan de su “montaña de trabajo”, otros de la “montaña de correos” que tienen que responder, y todo esto nos dice que la montaña resulta la imagen de aquello que tenemos que resolver y que nos parece una exigencia imposible de cumplir.

Pero si miro DESDE DIOS, supero la montaña. La mirada de Fe nos sitúa más arriba.

Con la fe relativizo los problemas y éstos no me superan, pues se hacen más pequeños.

¿Qué nombre tienen las que supongo mis montañas? ¿Les he hablado a éstas desde Dios?

Si le hablo a las montañas desde Dios, mi fe se despierta y se hace cada vez más fuerte frente a los problemas.

Otra palabra gráfica se refiere a las dos puertas:

“Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran” (Mt. 7:13-14).

La puerta estrecha es nuestra puerta absolutamente personal, y debemos entrar en ella para cruzar hacia nuestro propio sendero de vida.

¡Es el camino consciente! Es el que nos pone en armonía con nosotros mismos, aunque parezca agotador vivir. Vivir consciente hace que el camino estrecho nos lleve a la amplitud interior.

El que sigue a los demás en realidad no vive.

Esto exige una reflexión consciente sobre quién soy realmente, cuál es mi misión y qué sendero de vida podría yo trazar en este mundo para recorrerlo con Dios.

¿Qué valores descubro en mí para caminar este sendero? ¿en qué consiste mi originalidad? ¿Cuáles son mis sueños?

No hay lugar para la comparación con nadie.

Cuando me hago consciente de que estoy en esta vida porque DIOS MISMO QUIERE EXPERIMENTAR LA VIDA SIENDO YO, me vuelvo Bendición para mí mismo y para otros.

Está casi de más decir que el camino ancho es el de la masa, el de la inconciencia.

“En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta diciendo: “Señor, ábrenos”. Y él les responderá: No sé de dónde son ustedes” (Lc.13:25).

En nuestros sueños, la puerta cerrada quiere decir que hemos perdido la relación con nuestro ser interior, con nuestro corazón, con nuestra alma.

Es señal que estamos arrojados afuera de nosotros, en lo externo. La mayoría no vive mal afuera de sí, pero todo eso queda en lo externo, como apariencia (incluso si hablamos de fe pues la fe así vivida es pura apariencia, aunque se asista al culto).

En la relación con Cristo, son los que dicen que han comido y bebido con Él y que hasta han escuchado su Evangelio, pero no han tenido el corazón abierto, la puerta interior abierta, y entonces todo es barniz.

Jesús invita a tener interioridad. No es suficiente aprender, hay que entrar en contacto con el presentimiento de la vida plena y dejarse transformar teniendo el corazón abierto.

Sólo entonces habrá éxito en la vida.

El que no entra en contacto con el Espíritu que le habla a nuestro espíritu, está excluido del Reino de Dios. Esto quiere decir el Evangelio de Lucas.

“Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo”. (Mt. 5:25-26)

En lo interior somos responsables con el adversario de nuestra alma. En lo exterior no y no debemos echarnos la culpa. El adversario de afuera quiere que siempre tengamos la culpa y esa es la trampa del enemigo de afuera.

Pero hacia dentro, debemos reconciliarnos con el adversario interior, esto es, reconocer con humildad nuestra propia sombra, nuestros límites interiores, nuestras miserias…

Si no nos reconciliamos con todo esto, nuestras pobrezas interiores ejercerán tiranía sobre nosotros y nos dominarán. El juez interior nos juzgará entonces y nos condenará a la cárcel de nuestro propio auto-rechazo.

Lo que rechazamos en nosotros se convierte en nuestro juez interior.

Aquí está el origen de la enfermedad psíquica, las fobias y los síntomas neuróticos. Así es visto desde el pensamiento Jungiano al que adherimos.

La sanación significa siempre reconciliación y para ello no hay que esperar al Juicio Final tras la muerte. Si somos humildes y reconocemos en el Resucitado la fuente de nuestra sanidad y a su vez reconocemos nuestras sombras, ellas se volverán amigas que nos acompañarán en el camino de la sanación, pues su energía se traducirá a nuestro favor. Así la oscuridad en nosotros es vencida.

 

Tercer categoría: Palabras provocadoras de Jesús.

Cristo quiere que nos volvamos a preguntar de qué modo hay que vivir.

Para eso habla con palabras provocadoras, con la intención de que nos movamos de nuestra tan racional evaluación de la vida que en definitiva nos resulta prisión que impide un camino nuevo.

Ejemplo: “¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división” (Lc. 12:51)

Luego el Señor describe lo dicho con el enfrentamiento entre el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, etc. Esto no justifica los conflictos familiares, pero sí pone en evidencia a los armonizadores que solamente hablan con palabras que son tierra para cubrir los problemas.

Las relaciones son auténticas solamente si nos paramos sobre nuestros pies, tomando distancia de los otros en el buen sentido y muchas veces esto no es posible en las familias. El conflicto está en que nadie encuentra su propio lugar. Todo está sometido a las tradiciones familiares, donde están los guiones heredados.

Jesús nos provoca para que encontremos nuestro propio camino y así podamos forjar relaciones sólidas en la familia.

Jesús no nos pide adaptación, sino originalidad.

Nos provoca a la verdadera libertad.

“El que quiera venir detrás de Mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de Mí, la encontrará” (Mt. 16:24-25)

Se han manipulado muchos las palabras de Jesús y con ello el sentido de la abnegación, como auto-rechazo, como negación de sí mismo, mientras que en su original griego, quiere decir que el que sigue a Jesús debe decir no a las tendencias egocéntricas de su alma, las que querrían también monopolizar inclusive a Dios.

Porque ésa es la tendencia: el ego busca traer todo hacia sí. Poseerlo. Incluso a Dios, que es más grande que el ego.

Necesitamos mantener una distancia interior de esta tendencia en nosotros que quisiera tenerlo todo, monopolizarlo todo, aferrar todo con el pequeño ego.

Cargar la cruz quiere decir que me acepto, aún a pesar de esta tendencia. ¡Porque si estoy siempre centrado en mí me pierdo!

Cargar la cruz es abrazar mis contrariedades, mis debilidades, lo consciente y lo inconsciente y aceptarme sin girar alrededor mío.

El que siempre está preocupado en acumular y cada vez tiene más, no vive.

El que siempre está preocupado por su salud, termina enfermando.

Debo reflexionar sobre lo que verdaderamente me lleva a la Vida.

Cristo nos provoca para que estemos atentos a lo que nos conduce a movernos de nosotros mismos y acercarnos al amor verdadero, a la donación de sí, al servicio.

Cuarta categoría: Palabras que alientan:

“El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc. 2:27)

Las Palabras que alientan de parte de Jesús señalan las condiciones para una vida exitosa.

Aquí, nos pide que revisemos nuestras leyes internas, la imposición de reglas que nos hemos hecho para cumplir nuestros objetivos.

La dieta, los métodos terapéuticos, etc. Todo ha de revisarse para que no nos esclavice.

Hay quienes se imponen la dieta y si no la cumplen sienten remordimiento por eso.

Los rituales son para el hombre y no el hombre para los rituales, aún si éstos llevan la excusa de una vida saludable, pues no puedo definirme como saludable si por dentro soy un esclavo enfermo.

Hay otras Palabras que alientan y que podemos desarrollar cada uno:

“Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba manifestarse” (Mc.4:22)

Cristo me invita a no ocultar lo que me enferma, lo que me molesta, lo que me hace infeliz, por ejemplo.

Si lo hago, de alguna manera será revelado: por una enfermedad, por la ira contenida que un buen día se desata, por un trauma o fobia si lo he ocultado de mí mismo y se transformó en una frustración, etc.

Nada hay oculto en definitiva, pues todo ya es conocido por Dios.

Otra frase sanadora: “Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón” (Lc.12:34)

¿Dónde está ahora mi corazón: En lo terreno, en lo pasajero, en la búsqueda de la aprobación de los demás, en la dependencia emocional?

Cristo nos alienta a que sea Dios ese tesoro, para que nuestro corazón se ensanche y sea libre de verdad.

“El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho” (Lc. 16:10)

Jesús une lo espiritual con lo mundano. No hay que reducir lo espiritual a los ideales, en mi trato con las cosas que me son confiadas, también se “ve” mi vida espiritual.

El cumplimiento de mis exigencias cotidianas, habla de mi fidelidad a Dios también.

Nuestra vida espiritual tiene que ver con el modo con que tratamos con nuestro trabajo y con el dinero, pues nuestra madurez espiritual se ve en el trato maduro con lo diario.

Hay muchas otras palabras santas que nos confrontan con nosotros y nos invitan y alientan.

3 – LAS HISTORIAS DE SUS CURACIONES EN LOS EVANGELIOS:

Jesús trata de diferentes modos a los enfermos en sus curaciones y a estos modos podemos llamarlos “métodos terapéuticos de Jesús”.

Claro está que el Señor no funda ninguna escuela de terapia, porque nada puede compararse al amor de Dios como iniciativa, cuando en el hombre es solamente una respuesta.

En las historias de curación de Jesús nos encontramos también con la invitación a tomar conciencia de las propias heridas y poder así presentarlas al Señor para vivir nuestro propio proceso de sanación.

Cada evangelista rescata una manera de trato de Cristo con la enfermedad y la curación.

En Marcos, la enfermedad es siempre expresión de la obsesión. Aparece entonces la expulsión de demonios. Por eso para Marcos la curación es siempre liberación.

En Mateo, la enfermedad está unida a la culpa. El riesgo de esta visión es que se puede transmitir al enfermo la responsabilidad de su enfermedad y la permanente pregunta: ¿Qué hice de malo, en qué he vivido equivocado, porqué Dios me está castigando? Y entonces los sentimientos de culpa con los que reaccionamos a la enfermedad nos impedirán ser sanados.

Este tipo de preguntas no conducen a nada.

En Mateo la curación depende del perdón.

En verdad, los trastornos obsesivo-compulsivos remiten con frecuencia a una culpa reprimida.

El perdón es una acción terapéutica saludable para muchos enfermos.

Entre todos los evangelistas, Lucas es quien relata las principales curaciones en sábado.

Se podría decir que la enfermedad es una deformación del hombre. El ser humano tal como Dios lo ha formado en la creación, ha sido humillado, afectado por una pasión y entumecido interiormente. La curación acontece, en tanto Jesús lleva de nuevo al hombre a su forma original, a esa forma que Dios le dio en la Creación.

La curación es la restitución del hombre a su forma y belleza originarias, en su dignidad y armonía.

Jesús es el médico que además enseña el arte de la vida sana, en esto está también la comprensión griega del ser médico que tenía el doctor Lucas.

En Juan, la enfermedad acontece cuando el hombre se separa de su fuente divina.

La curación acontece cuando el hombre entra en contacto de nuevo con su fuente interior.

Cada uno tiene en sí mismo una fuente de energía auto-curativas. Pero muchas veces es necesario un impulso desde afuera, para que se pueda entrar en contacto con la fuente. En lo más profundo de sí, el alma sabe con frecuencia lo que es saludable para ella. Pero necesita muchas veces la confirmación desde afuera, para confiar en su propio saber.

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